La ciberseguridad preocupa a las empresas.

Ciberseguridad

Los técnicos en ciberseguridad son uno de los perfiles profesionales más demandados por las empresas españolas en la actualidad. Según datos que se manejan en el sector, en España harían falta más de 99.000 profesionales relacionados con esta área, que en su mayoría trabajarían en el sector privado. Este dato pone de manifiesto la importancia que le están dando las empresas a este tema.

La revista digital de Inesem Business School señalaba que en el 2016, hace ya 10 años, se registraron en nuestro país 18.232 ataques por internet. De los que 430 tenían una peligrosidad muy alta o crítica. En todo este tiempo, la incidencia de la ciberdelincuencia se ha disparado. Según la FER (Federación de Empresas de La Rioja), los dispositivos electrónicos en nuestro país reciben al año 93.474 intentos de intrusión de una gravedad media o alta.

En todo este panorama, las empresas son uno de los sujetos más vulnerables. Una de las víctimas preferidas por los hackers y los ciberdelincuentes. Las empresas manejan información sensible de sus clientes. Que, aunque se han recogido, en la mayoría de los casos, siguiendo las precauciones que marcan las leyes de protección de datos, muchos se obtienen y se trabajan de manera digital. Por lo que pueden ser sustraídos.

Al mismo tiempo, las empresas tienen informatizada su actividad diaria y gran parte de sus medios operativos: banca digital, comunicación con proveedores, informes internos, información fiscal, etc. La digitalización aumenta la productividad y hace más cómodo el trabajo. Pero entraña sus riesgos. Es el precio que hay que pagar por integrar las nuevas tecnologías en el día a día.

Las agresiones y los robos cibernéticos son menos evidentes que los físicos. Pero pueden llegar a ser más peligrosos. De ahí la necesidad de que las empresas se sientan protegidas.

Un tejido empresarial cada vez más digitalizado.

Nueve de cada 10 empresas españolas se consideran digitalizadas. Según datos que publica la Cámara de Comercio, el 87,6% de las organizaciones empresariales perciben que su nivel de digitalización es intermedio o avanzado. Este dato recoge todo el tejido empresarial. Desde las grandes corporaciones multinacionales hasta las pequeñas empresas. El mayor salto en la digitalización se ha producido en apenas una década.

Un 11,4% de las empresas, prácticamente una de cada diez, ha sido objeto de al menos un ciberataque en los últimos dos años.

Las empresas resultan especialmente atractivas para los ciberdelincuentes por el alto valor de su información estratégica y el uso masivo de medios digitales. Aunque la adopción de modalidades como el teletrabajo se ha consolidado en el 48,1% de las empresas, el 98,4% de ellas no ha percibido un incremento en los ataques por internet. Sin embargo, la digitalización constante abre nuevos frentes de vulnerabilidad que los delincuentes digitales buscan explotar de forma sistemática.

A pesar de esta clara exposición al riesgo, el nivel de protección de las empresas en nuestro país sigue siendo bajo. Menos de la mitad (42,9%) dispone de una estrategia de ciberseguridad. Si bien las herramientas básicas como antivirus y copias de seguridad están universalizadas en más del 95% de los casos, la implantación de defensas avanzadas como cortafuegos, redes VPN o autenticación multifactorial continúa siendo minoritaria, y solo un 10,7% de las empresas han adoptado medidas específicas contra amenazas basadas en inteligencia artificial.

Esta falta de blindaje responde a barreras claras: el desconocimiento de soluciones adecuadas (31,3%), la complejidad tecnológica (28,3%) y la escasez de presupuesto (29%). De hecho, apenas una de cada cuatro empresas prevé aumentar su inversión en ciberseguridad en el próximo año, cifra que cae en picado en el ámbito de las pymes. Para suplir esta falta de recursos internos, un 62,8% de las compañías recurren a la externalización de servicios. A contratar empresas externas que se encarguen de esta tarea. Solo las empresas con más de 50 trabajadores tienen por costumbre contar con ingenieros o técnicos especialistas en ciberseguridad en plantilla. En las empresas de menor tamaño, la tendencia es contratar la seguridad digital a equipos informáticos que prestan servicios B2B.

Uno de los vicios más peligrosos que se dan en el entorno empresarial es el de plantearse con seriedad la ciberseguridad cuando la empresa ha sufrido algún ataque o incidente. Y no el de protegerse de antemano. Aun así, la ciberseguridad es un tema que preocupa a los empresarios.

Principales amenazas cibernéticas.

La ciberdelincuencia es un peligro en continua progresión. A grandes rasgos, podríamos decir que los delincuentes digitales van por delante de las medidas de seguridad que se utilizan para evitarlos y neutralizarlos. Cada día surgen nuevos métodos y estrategias para atacar por vía digital a usuarios y empresas. A pesar de ello, el blog de BBVA indica que el ransomware, el phishing y la denegación de servicios se encuentran entre las amenazas digitales que más suelen padecer las empresas.

El ransomware consiste en el secuestro digital de la información mediante la ejecución de un software malicioso. Los atacantes logran cifrar los archivos del sistema y bloquean el acceso a las bases de datos de la empresa, exigiendo posteriormente el pago de un rescate económico a cambio de una clave.

Por su parte, el phishing emplea técnicas de suplantación de identidad para engañar a los usuarios y lograr que revelen credenciales, datos personales o bancarios. Los ciberdelincuentes envían comunicaciones fraudulentas manipuladas bajo el nombre de entidades financieras, proveedores de servicios u organismos oficiales, como la Agencia Tributaria o la Seguridad Social. Consiguiendo que la víctima entregue su información confidencial de forma voluntaria. Para ejecutar este delito, los delincuentes hacen uso de medios elaborados. Como páginas web que imitan a las páginas oficiales de las entidades por las que se quieren hacer pasar, uso de membretes en los e-mails o el empleo del WhatsApp.

A diferencia de los anteriores, el ataque de denegación de servicio (DoS o DDoS) no busca el robo de información, sino paralizar la actividad. Es un sabotaje. Los ciberdelincuentes coordinan una red masiva de equipos para enviar millones de peticiones simultáneas a un servidor o plataforma web concreta, logrando saturar su capacidad operativa e inutilizar el servicio por completo.

Existen otros ataques que comprometen la seguridad de las empresas. El malware es uno de ellos. Abarca programas maliciosos diseñados específicamente para espiar, sustraer información o dañar infraestructuras informáticas. En paralelo, la ingeniería social aplica dinámicas de manipulación psicológica sobre el personal para llevarlo a ejecutar acciones de riesgo, mientras que los exploits aprovechan fallos y vulnerabilidades en sistemas no actualizados para infiltrarse de manera no autorizada en las bases de datos. Por último, los ataques internos responden a acciones negligentes o malintencionadas por parte de los propios empleados, quienes exponen datos sensibles desde el interior de la red de la empresa.

Tecnología para reforzar la seguridad.

Como es lógico, la tecnología es uno de los principales recursos para mejorar la seguridad digital de las empresas. Las compañías del sector invierten en I+D para desarrollar herramientas digitales que ofrezcan un mayor nivel de protección.

En este sentido, nos llama la atención cómo Crowe, una firma internacional que presta servicios de auditoría financiera, asesoría fiscal y consultoría tecnológica en sectores como la banca, los seguros o la industria, ha colaborado con empresas tecnológicas como X-Analytics para desarrollar aplicaciones que protejan la información económica y financiera de sus clientes. Tal y como recogen en el blog de su página web.

Una de estas aplicaciones es Crowe Cyber Economic Risk Analyzer. Su lanzamiento marca un hito en la gestión de amenazas digitales al combinar los conocimientos económicos y financieros de Crowe, así como su larga experiencia en el sector, con los avances tecnológicos que maneja X-Analytics. De manera que han creado una herramienta pegada al terreno que es una solución de vanguardia dentro del ecosistema tecnológico empresarial.

La solución permite a las organizaciones conectar de manera directa sus iniciativas de gestión de riesgos cibernéticos con estrategias de reducción de riesgos económicos y financieros, alineadas con los objetivos de la empresa. De esta forma, las compañías pueden cuantificar, priorizar y mitigar el impacto de las vulnerabilidades dentro de entornos operativos seguros, que utilizan para gestionar otras áreas de la empresa. Esta aplicación, en concreto, se encuentra dentro del marketplace de ServiceNow.

“Estamos entusiasmados de combinar las fortalezas de Crowe, X-Analytics y ServiceNow para ofrecer una solución de gestión de riesgos cibernéticos de clase mundial a las organizaciones que buscan la capacidad de tomar decisiones optimizadas para el negocio para reducir el riesgo en todas sus operaciones”, afirmó Matt Reeves, líder de soluciones de gestión de riesgos y ciberseguridad integrada de ServiceNow. Reeves enfatizó que “el analizador de riesgos cibereconómicos Crowe transforma las iniciativas de gestión de riesgos existentes al proporcionar la inteligencia económica y los conocimientos estratégicos para mejorar el valor del negocio a través de una reducción de riesgos específica y efectiva”.

Este es un ejemplo de cómo el desarrollo de software y aplicaciones de ciberseguridad adaptadas a las necesidades concretas de las empresas es un enfoque práctico, muy interesante, para mitigar los riesgos cibernéticos que tiene una empresa.

La IA y la ciberseguridad.   

Si hay dos ramas de la informática y del desarrollo tecnológico que podemos decir que van íntimamente ligadas, esas son la ciberseguridad y la IA.

Los modelos de IA aplicados a la seguridad digital, que han sido entrenados y que parten de un aprendizaje continuo, basado en su experiencia directa, hacen que las herramientas de ciberseguridad sean cada vez más precisas y eficientes. Si en una rama de la producción se percibe que determinado delito cibernético se está volviendo habitual, la herramienta se perfeccionará para hacerle frente, integrando todos los avances, medidas y estrategias que han tenido éxito en casos precedentes. La herramienta se actualiza de una manera continua y automática. Lo que ayuda a que empresarios y trabajadores no tengan que estar pendientes de descargar actualizaciones.

Del mismo modo, los sistemas de inteligencia artificial tienen la capacidad de analizar y procesar cantidades ingentes de datos en tiempo real, lo que ofrece un nivel de protección superior adecuado al funcionamiento operativo de las empresas.

No debemos olvidarnos tampoco de que la IA también es una herramienta que utilizan los ciberdelincuentes. Y que, por tanto, es necesario contar con medidas de seguridad que nos protejan contra el uso ilegal de esta tecnología.

Mucho se está hablando de los peligros que entraña la IA. Un tema que tiene dividida a la comunidad científica. Es factible que determinados programas o modelos de IA rebasen límites que no deberían estar permitidos. La IA es una tecnología con capacidad de autoaprendizaje, pero no discierne entre el bien y el mal. Entre lo éticamente aceptable y lo inadmisible. Cuando la IA rebasa estas fronteras, por lo general, es debido a una acción negligente, voluntaria o involuntaria, de programadores y desarrolladores. Es muy fácil echarle la culpa a la IA. Pero la IA, por mucho que pensemos lo contrario, no tiene conciencia, es una máquina. De todos modos, ante estas situaciones, las empresas deben estar protegidas. No solo por las leyes, también con herramientas concretas.

Una vía de desarrollo.

Todo apunta a que la tecnología en los próximos años se va a desarrollar a través de la ciberseguridad, la IA y la domótica, el internet de las cosas. Tres áreas interconectadas entre sí, que presentan muchos puntos de intersección.

Es posible que haya más utilidades, pero digamos que estos tres ámbitos van a experimentar un crecimiento considerable.

Todo esto se da en una dinámica en la que la sociedad está cada vez más interconectada. Los datos circulan por la red como si fueran gotas de agua en un río caudaloso.

A mayor tecnología, más seguridad. A medida que la tecnología se vuelve más complicada, los recursos que se utilizan para protegerla son más complejos. Todo esto sin olvidar que la información se encuentra más expuesta.

Esta situación explica por qué en nuestro país se necesitan 99.600 profesionales de seguridad, como señala el blog CertiHub 360. Una necesidad que se localiza, aunque no en exclusiva, en la empresa privada. Ya que la digitalización de las empresas lo que exige una mayor protección digital, y de que este servicio se presta, en muchas ocasiones, por medio de empresas específicas del sector.

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