Cuáles son las copas más adecuadas para beber vino.

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Evidentemente, depende del vino que vayamos a beber. De tomar vino en una copa u otra cambia por completo el sabor. Podemos cargarnos un buen vino por beberlo en una copa que no es la adecuada. Te enseñaremos en este artículo a diferenciarlas y a seleccionar la correcta.

Las copas de vino son recipientes diseñados para consumir esta bebida. Por su forma y estructura respetan y potencian las cualidades del producto.

Las copas para el vino son de cristal fino, liso y transparente. Esto es para que el consumidor pueda apreciar las características del producto. La limpieza en la elaboración, el estado del corcho, si necesita filtrado, así como los matices y colores de la bebida.

Su delgadez la hace atractiva al acercarla a los labios del consumidor, dándole todo el protagonismo a la bebida. Su forma ligeramente abombada, permite agitar el líquido para apreciar su cuerpo, consistencia y la huella que deja sobre el cristal, más densa cuanto más grado de alcohol tenga.

El tallo delgado posibilita coger el recipiente sin intervenir en la temperatura del vino. El vino es un producto delicado. Los cambios de temperatura alteran sus cualidades. Cuanto más grande sea el cáliz, más largo será el tallo, para mantener la estabilidad del recipiente y hacer más cómoda su sujeción.

Cristafiel, un distribuidor y experto en copas grabadas, nos indica que además el cristal de las copas debe tener un tacto fino, una composición equilibrada y una estructura resistente al uso.

En Consumo Claro, la sección de información para los consumidores de El Diaro.es nos comenta cuales son los tipos de copa más adecuados para cada vino.

Vino tinto.

Las copas para vino tinto tienen el cáliz grande, barrigudo y el cuello ancho. Esto permite que los aromas se desprendan y el vino se oxigene y respire. También facilita que podamos agitarlo dentro de la copa, dando vueltas dentro de ella y mezclándose con el aire.

Los vinos tintos tiene más cuerpo y necesitan algo de oxígeno y movimiento para liberar sus aromas. Sucede sobre todo en los vinos reserva, en los que el líquido se ha mantenido aprisionado dentro de la botella durante varios años. Los tipos de copa más recomendados para estos vinos son:

  • Copa burdeos. Es la más utilizada para beber vino tinto. El culo de la copa es redondo, el cáliz alto y el cuello se cierra ligeramente. Tiene esta forma para retener los aromas del vino. Es adecuada para la mayoría de vinos tintos españoles, tanto jóvenes como de crianza.
  • Copa borgoña. Es una copa grande, que permite mover bien el vino en su interior. El culo del cáliz termina en punta, como si fuera un corazón, luego se va abriendo formando una barriga y se estrecha ligeramente en el cuello. Está indicado para vinos con cuerpo que mantienen bien la oxidación. Desde los vinos Rioja o Rivera del Duero con mucha madera a los Priorat más estructurados.
  • Copa cabernet souvignon. Es una copa para vino tinto algo más pequeña y con el culo plano. Está pensada para degustar los vinos de esta variedad de uva francesa, que se toman a una temperatura más fría que los tintos españoles y que deja más poso en el fondo. Es indicada para los tintos de la vertiente atlántica: Ribera Sacra y Ribera Baixa.

Vinos blancos.

Las copas para vino blanco son más pequeñas, con el cáliz menos alto y el cuello más abierto. Esto se debe a que el vino se bebe más frío y el recipiente ha de ser más pequeño para que no se caliente el vino en la copa.

El cuello es más abierto, puesto que el vino blanco retiene menos aroma que el tinto y en ocasiones se degusta en los primeros tragos. Las copas más recomendadas para servir vino blanco son:

  • Copa chardonay. Es una copa baja, con el cáliz chato y el cuello amplio. Podría recordarnos a una copa de agua, salvo que el cuello se cierra ligeramente. Está pensada para beber vinos blancos afrutados tipo los de Rueda.
  • Copa blanco seco. Es una copa algo más grande que la anterior, pero sin llegar al volumen de las copas de vino tinto. Sigue siendo barriguda, pero con una forma ligeramente más estilizada, con el cáliz más largo y el cuello un poco más cerrado. Esto se debe a que son vinos más aromáticos y es necesario que los olores se concentren para saborearlos en cada sorbo. Es una copa indicada para el blanco navarro, el Ribeiro gallego y los vinos de Terra Alta.
  • Copa satournes. Es un híbrido de las otras dos copas. Diseñada para saborear los vinos blancos dulces elaborados con esta variedad de uva francesa. Se podría decir que es como una copa de vino blanco seco, pero más pequeña y con el cuello menos estrecho. Aunque la uva satournes es una uva blanca, esta copa podría estar indicada para beber algún vino dulce tinto como el moscatel o el Pedro Ximenez.

Vino fino.

Según la página web de Tío Pepe, el vino fino es un vino muy seco, que el mundo del vino es lo contrario de un vino dulce. Destaca por su alegre tonalidad llena de luz, el elegante amargor que deja en la boca y ese regusto prolongado que mantiene en el paladar, que en el argot se define como un “vino largo.”

La consistencia de este vino viene determinada por la tierra de la que procede y su proceso de elaboración.

La tierra en la que se plantan las viñas para los vinos finos y amontillados son terrenos arcillosos que retienen el agua por mucho tiempo. Eso se puede observar en la campiña jerezana. Con ese suelo blanquecino que va formando piedras de tierra compactada.

El sol abrasador y el calor del sur de España generan una uva concentrada de alta graduación y fuerte sabor.

El vino se cría en barricas de roble americano que le imprimen un color, un aroma y un intenso sabor a madera. Para beberlo, el vino fino se toma muy, muy frío. En una copa especial que permite que presente todos sus matices y personalidad.

La copa de vino fino es una copa pequeña, de cáliz alargado y tallo grueso. Su tamaño es fundamental para evitar que el vino se caliente. Su forma como de chimenea permite que libere todos los aromas y su cáliz un poco rechoncho posibilita que podamos mover el vino dentro de la copa para que se abra.

Cava.

Los vinos espumosos requieren una copa especial. Se debe a que han sido gasificados durante su elaboración. El cava es un vino blanco que sigue un proceso de fabricación diferente al resto de los vinos, siguiendo el método del champán francés.

Tras elaborar un vino base blanco, este se embotella con un corcho especial, se le agrega levadura y se le conduce a una segunda fermentación que se producirá dentro de la botella.

Durante la fermentación del vino se desprenden gases que, al estar la botella cerrada, se quedan dentro de esta y se integran con el vino.

La copa de cava es estrecha y con forma de chimenea. Esto permite que al verter el vino se libere todo el gas, que explosiona en forma de espuma sin llegar a desbordar la copa. Por la forma del recipiente, el vino desprende su efervescencia sin llegar a perder su bravura de inmediato.

Es una copa pensada para el cava y el champán, pero recomendable para otros tipos de vino de aguja como el Lambrusco o el Prosecco italianos, que aunque tengan menos fuerza, tienen un importante contenido gaseoso.

Otros tipos de copa.

Existen otros tipos de vino que por sus peculiaridades han dado lugar a una copa específica para su consumo. Es el caso del vino Oporto. Un vino tinto dulce portugués que guarda semejanzas con el jerez español en cuanto a su elaboración.

Este es un vino menos denso, más acuoso, pero que al igual que los finos y amontillados, se cría en barrica de roble. Se suele consumir templado y para ello se utiliza una copa parecida a la copa del Jerez, pero más grande y con el cáliz más ancho.

Esto se debe a que este vino permite a un mayor aumento de temperatura dentro de la copa sin perder sus características. Esta copa también es recomendable para tomar otros vinos tintos, ligeramente dulces y con cuerpo como el Pedro Ximenez o el Tokaj.

El vino de Madeira también tiene su propia copa. Es un vino con un color y sabor a roble muy característico. Ligeramente menos dulce que el Oporto, desprende un interesante abanico de aromas al tomarlo. Por eso su copa sufre un ligero estrangulamiento en el centro, para luego abrirse en el cuello. Es como si se buscara que la nariz entrara en el borde de la copa.

Para disfrutar un vino en su máxima expresión es necesario elegir aquella copa que se adecúe mejor a sus características. El vino es un producto especial y no se puede beber en cualquier recipiente.

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