Publicado en La Razón 11 de enero de 2010
Cuando en la noche del jueves, 9 de noviembre de 1989, caía el Muro de Berlín -denominado “Muro de Protección Antifascista” por la República Democrática Alemana-, muchos pensaron, dirigiendo sus miradas a Cuba, que había llegado el final de los regímenes totalitarios comunistas extendidos por el mundo. Nada más lejos de la realidad: 28 años después del fiasco comunista soviético, la edición en español del semanario “Newsweek” se atreve a pronosticar en su último número que el dictador cubano Fidel Castro vivirá en el 2010 “su último año sobre la faz de la Tierra”, reflejando lo que millones de cubanos desean pero no acaban de creer.
¿Cómo es posible que un régimen totalitario y antidemocrático, con cientos de presos políticos y miles de asesinados se mantenga en pie? Algunos, como el exiliado cubano Orlando Fondevilla, afirman que “el régimen sobrevive como su tirano, en silla de ruedas“; otros, como el profesor cubano Jacobo Machover, más pegados a una realidad que sobrepasa al propio Fidel, creen que el futuro de Cuba, paraíso de los turistas e infierno de los que defienden la libertad, pasa por el Ejército, que es quien controla realmente la sociedad.
Pero mientras unos y otros vienen proclamando la enorme debilidad del régimen castrista, la semana pasada asistíamos a una nueva demostración de fuerza por parte del gobierno cubano vía denegación de entrada en el país al socialista Luís Yáñez, toda una paradoja si tenemos en cuenta que el comunismo cubano ha contado, desde siempre, con el apoyo explícito del PSOE y la izquierda española. De ese apoyo algo saben, por ejemplo, en Sevilla, donde el Ayuntamiento lleva gastados más de dos millones de euros en apoyo al régimen cubano desde que Izquierda Unida forma parte del gobierno de la ciudad junto al PSOE. Las arcas de la dictadura cubana se han convertido en destino principal de los fondos municipales de cooperación internacional desde que esa formación pactó con Alfredo Sánchez Monteseirín.
Es la doble vara de medir de la izquierda: por un lado acusar de talante antidemocrático a sus oponentes políticos, y por otro financiar, sin ningún tipo de escrúpulos, dictaduras caribeñas con fondos a cuenta de los sufridos bolsillos de los ciudadanos españoles entre los que también se encuentran los más de cuatro millones de parados que engordan las listas del INEM. Lo siento por Luís Yáñez y sus vacaciones perdidas, pero ahora, que no se quejen.























